
El Día estaba horrible llovía torrencialmente de a ratos, nuevamente solo, frente a una taza de café.
Mientras le echaba azúcar a la taza, pensaba como había empezado todo, hace varios meses ya, en ese mismo restaurante en la hora de la comida.
Sentado leía el diario esperando su almuerzo, lo de siempre nada especial, sin querer al cerrar el diario la vio, allí en un rincón del local, sola, comiendo un tostado con una gaseosa, se la veía pensativa, lejana. Algo en ella le llamo la atención, no supo que era en un primer momento, elegante, bien vestida, sobriamente maquillada, sus manos finas y cuidadas, bella mujer… si, Señor.
Comenzó lentamente a comer, más no podía sacar sus ojos de la enigmática mujer, por un momento se sintió mal, al cruzarse las miradas. Ahora la observaba de rabillo, y se dio cuenta que ella lo observaba disimuladamente por momentos. Pidió su cuenta, ella
seguía enfrascada en sus pensamientos fumando un cigarrillo, le regalo una ultima mirada y se fue a su trabajo.
Al día siguiente pensaba encontrarla, a la hora de comer, no fue así, no estaba, y al día siguiente tampoco, lentamente se diluyo su imagen en el tiempo, su mente estaba ocupada con los problemas que tenía en su trabajo a causa de su situación de pareja. Es que los constantes choque con Alicia- su esposa- hacían sus días de trabajos verdaderos debates mentales restándole efectividad en su empleo, situación que no pasaba desapercibida por su jefe.
Atrás quedaron los días de ensueño esos que sabían a miel, la rutina, el trabajar los dos
hacia que se viesen pocas horas por la noche y muy, muy cansados siempre…
Ya no salían juntos, ni para el trabajo, a pesar de que trabajaban en la misma zona del centro de la ciudad, en vano Héctor busco la forma de volver a los primeros tiempos de la pareja, no resulto y el fin del matrimonio era un hecho.
Un medio día salio Héctor más tarde de lo habitual de la oficina hacia el restaurante,
por supuesto, no había una sola mesa libre, al recorrer con la vista el salón, la vio allí donde la otra vez, sola con la mirada perdida nuevamente,- le pregunto si puedo compartir su mesa, a lo sumo me dirá que no, pensó - Se acerco y cortésmente solicito el permiso, ella accedió con una sonrisa en el rostro, una palabra trajo la otra y entablaron una pseudo-conversación, relacionadas al trabajo al poco tiempo que disponían, en fin cosas que se dicen siempre que se entabla una charla con un desconocido.
Al día siguiente, Héctor, más temprano reservo la misma mesa del día anterior, para cuando llego ella- Susana- el jugaba nerviosamente con una cucharita del café que ya había tomado, ayudo a ella a sentarse e invito que pidiese algo de comer más
elaborado, un almuerzo formal. Después de un rato de una interesante conversación, comenzaron a contarse mutuamente sus problemas, la razón de la tristeza de Susana, tenia el mismo origen que la falta de atención de Héctor.
Ella, estaba separándose de su marido, después de soportar por un tiempo la duda de la infidelidad de su pareja, un día, el reconoció su culpa y volvió con su antigua noviecita, esa que jamás pudo ni quiso olvidar. Lentamente una lágrima rodó por su rostro, automáticamente Héctor tomo su mano delicadamente en señal de ayuda, con la mirada Susana agradeció el gesto, pasaron los días y llego el momento que el tiempo del almuerzo no alcanzaba para conversar, así es que se veían después del trabajo. Una copa de licor ó un café era la compañía de la tarde-noche, en esa mesa de café
Héctor no se percato, pero Alicia si, los cambios eran notables así como las llegadas más tarde de lo habitual, la frialdad en la pareja se podía palpar, más ella se entretenía con amigas y paseos para no llegar al hogar, ya no quería estar más allí ¡
Fue un día como hoy, llovía- pensó Héctor- era una tarde fría y gris, buena para nada¡¡
Al salir del restaurante, la acompaño a tomar el subterráneo, caminaban de prisa sorteando charcos ya que los automóviles a su paso salpicaban el agua de lluvia.

De pronto, frente a ellos, una entrada discretamente iluminada, un cartel metálico al costado: Albergue Transitorio. El detuvo un instante su paso y retuvo la mano de ella en un claro ademán de – Entramos- ella sin decir nada acompaño la iniciativa.
Solos, alegremente solos descubrieron paraísos olvidados, se besaron, se acariciaron, se amaron hasta el cansancio recorrieron sus cuerpos palmo a palmo, centímetro a centímetro, por un par de horas olvidaron sus problemas y fueron solamente un hombre y una mujer. Paso el tiempo- varios meses- y cada vez que llueve, la cita obligada esta allí donde esta la entrada discretamente iluminada.
Esa noche, saliendo ya del lugar, Héctor llave en mano, se acercaron al conserje, que estaba ocupado atendiendo a una pareja que ingresaba, de pronto Susana pego un respingo y con el rostro trasformado le dijo por lo bajo- mi marido- dándole la espalda a los recién llegados, El le dijo- Tranquila, vamos- al escuchar su voz la mujer de la pareja que entraba giro su cara y miro a Héctor… Ahora fue el quien se puso pálido, al comprobar que la antigua noviecita del marido de Susana era… Alicia, su mujer…
Sin lograr digerir la realidad solo atino decirle a Alicia…
Disfruta, en casa hablamos¡¡
Girasol